Campeón del mundo en 1930, con la camiseta celeste y el corazón encendido, Victoriano Santos Iriarte quedó prendido para siempre en la memoria del fútbol rioplatense. Su zurda escribió una de las páginas más emocionantes de la primera Copa del Mundo.
Canelones fue su cuna y el fútbol su destino. Apodado «El Canario», Victoriano Santos Iriarte nació el 2 de noviembre de 1902 y encontró en la pelota el camino hacia la gloria. Delantero de estirpe, comenzó a hacerse notar en Racing de Montevideo, institución en la que actuó entre 1923 y 1929, disputando 423 encuentros y convirtiendo 34 tantos.
Su carrera continuó en Bella Vista, aunque sería con Peñarol donde prolongaría sus jornadas de conquista. Entre 1932 y 1934 defendió la casaca aurinegra en 156 partidos, anotando 30 goles y conquistando el Campeonato Uruguayo de 1932.
Pero su nombre estaba reservado para una tarde irrepetible. En la final del primer Campeonato Mundial, disputada en Montevideo en 1930, Uruguay enfrentó a la Argentina. Cuando el marcador señalaba un vibrante 2 a 2, Iriarte sacó un remate que quebró la resistencia argentina y puso a los orientales 3 a 2 arriba. Aquel tanto resultaría decisivo en el camino hacia la victoria por 4 a 2 y la primera corona universal.
Jugó los cuatro encuentros de aquella Copa y marcó dos goles, además de aportar tres asistencias. El 11 de noviembre de 1968, Montevideo recibió su despedida. Quedó, sin embargo, la memoria de aquel hombre que convirtió un instante de fútbol en eternidad.
