Nació en Luque, fue figura de Olimpia, goleador del Sudamericano de 1929 y mundialista en 1930. Cuando el fútbol parecía ofrecerle todo, dejó los botines para marchar a la Guerra del Chaco. Después volvió a las canchas como entrenador y condujo a Paraguay a un Mundial.
El 25 de septiembre de 1905, Luque todavía no sabía que acababa de recibir a uno de sus hijos más ilustres. Aurelio Ramón González Benítez creció entre pelotas y potreros hasta convertirse en delantero de Sportivo Luqueño y, desde 1927, en una de las grandes figuras de Olimpia.
Con la camiseta albinegra conquistó siete campeonatos paraguayos y edificó una leyenda sostenida en goles, talento y personalidad. En 1929, jugando el Campeonato Sudamericano disputado en Buenos Aires, fue el máximo artillero y llevó a Paraguay al subcampeonato. Un año después integró el plantel que disputó el primer Mundial, en Uruguay.
Le llegó entonces una propuesta de esas que podían cambiar una vida: San Lorenzo de Almagro quiso contratarlo por una cifra extraordinaria. González dijo que no. Paraguay atravesaba la Guerra del Chaco y el futbolista decidió ponerse el uniforme. Alcanzó el grado de teniente primero y dejó, por un tiempo, el ruido de las tribunas para escuchar otro tipo de estruendo.
Volvió al fútbol y también a la conducción. Dirigió a Olimpia, River Plate y Sportivo Luqueño, club al que ayudó a regresar a Primera en 1968, incluso trabajando ad honorem. Pero su gran página como entrenador la escribió con la selección paraguaya, a la que clasificó para el Mundial de 1958.
“El Gran Capitán” partió en Luque el 9 de julio de 1997. Contaba 91 años. Se fue un hombre de fútbol, aunque su historia, definitivamente, había sido mucho más allá de una pelota.



















